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Efraín Mejía Donado murió olvidado por la indiferencia del Estado

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*Efraín Mejía Donado murió olvidado por la indiferencia del Estado como todos nuestros folcloristas.

Esta situación se presenta en todo el país, donde esas personas que aportaron y contribuyeron al fortalecimiento y enriquecimiento del patrimonio cultural de Colombia, han muerto en las mismas condiciones de olvido estatal y en deplorables estados de indigencia.

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Por Fernando Castañeda García

Fotos Cortesía Al Día

e capitularl compositor de temas como El Garabato, El Congo Grande, Mapalé, Las Pilanderas, Josefa Matía y La Burra Mocha, entre otros, mostró, desde niño, su inclinación por la música vernácula, especialmente la cumbia, de la que se convirtió en un defensor, a ultranza, y propendía y se preocupaba para que su agrupación mantuviera la esencia de ésta. Manifestó su desacuerdo con que las agrupaciones de cumbia le introdujeran otros instrumentos musicales porque consideraba que modificaba y ponía en riesgo la esencia de esta expresión folclórica, propia de los pueblos ribereños del Río de la Magdalena. Lo hacía con autoridad.

Durante sesenta años se dedicó a preservar el ritmo ancestral que lo atrapó a una edad muy temprana. De niño frecuentaba los ensayos de la Cumbia Soledeña-La Vieja, siempre interesado en conocer todo lo relacionado con los instrumentos y de los orígenes de la cumbia -de la que han concluido los estudiosos del folclor y especialmente de la música vernácula, que si a la cumbia, hay que establecerle un lugar de origen, este sería el Rio Grande de la Magdalena-. Fueron, ese interés y su disciplina para el aprendizaje, elementos importantes para que los integrantes de la agrupación lo tuvieran en cuenta.

Asumió el compromiso con responsabilidad

efrain 568A la edad de quince años ingresa a la agrupación musical Cumbia Soledeña, transcurría el año 1949. Contaba el maestro Efraín, que le daban la oportunidad, de vez en cuando, sonando las maracas y el guache. Pero se fue ganando el aprecio de los músicos, todos adultos que pisaban por encima de los cincuenta años, de condición campesina, unos; pescadores, otros, y de escasa formación escolar. 

Nada fue casual desde su ingreso a la Cumbia Soledeña-La Vieja, creada por Desiderio Barceló, en 1877, porque la seriedad con la que asumió el compromiso de pertenecer a la agrupación, su puntualidad y el interés de sacar adelante el grupo fueron determinantes a la hora que los músicos adultos, entre ellos: Alejandro Barceló, José Del Carmen Sánchez, Antonio Lucía Pacheco y Andrés Jiménez Robles, pocos años después de su ingreso a la agrupación y aun siendo menor de edad, para que se encargara de la relaciones públicas de la Cumbia Soledeña, hasta llegar a ser director. Efraín supo responder a la tarea encomendada. Logró, no sólo que esta agrupación folclórica fuese contratada por los selectos clubes sociales de la ciudad de Barranquilla, sino que las casas disqueras se interesaran en grabarle su música, convirtiéndose en éxitos que hoy son considerados clásicos de la cumbia. 

Hizo de la Cumbia Soledeña-La Vieja, una agrupación folclórica reconocida internacionalmente, desde Francia, España, Inglaterra, Suecia, Estados Unidos, y en América latina. Asumió el compromiso con responsabilidad, hizo honor a la confianza que depositaron, en él, aquellos abuelos que también lo nombraron director. A través de la Cumbia Soledeña, contribuyó a enriquecer el patrimonio y la identidad cultural de su tierra natal, y al fortalecimiento del folclor el Caribe colombiano. Murió con la satisfacción del deber cumplido con el legado cultural que aprendió de los mayores y enseñó a otras generaciones.

Olvidado por la indiferencia del Estado

Efraín Mejía Donado, trabajó durante más de sesenta años -toda una vida entregada al fortalecimiento de la música del Caribe colombiano-, demostrando su interés y preocupación por conservar, enriquecer y difundir la Cumbia, y la música vernácula de la Costa Norte, recibiendo ‘el pago de la vaca atollada’, por parte de las instancias culturales del país. El Estado lo abandonó y lo dejó solo, a su suerte, para que se consumiera chapaleando en los pantanos de su soledad, y en los propios pantanos del olvido estatal. 

El Estado lo abandonó como se tira al rincón de la basura cualquier trasto viejo cundo ya no sirve. Ese mismo Estado corrupto que lo condecoró, lo nombró Rey Momo del carnaval de Barranquilla, lo dejó morir, se desentendió de su enfermedad, le dio la espalda, cuando más lo necesitaba, abandonándolo en las sombras de su desgracia hasta que la muerte vino a calmarle el sufrimiento, ese Estado-Corrupto, que no alcanza a entender verdaderamente el proceso creativo y piensa que se reivindica bautizando el parque del Cementerio Central de Soledad, con su nombre. No solamente es un Estado-Corrupto, y vergonzoso, también es descarado y sin vergüenza, porque cayeron como buitres a la carroña mostrando una supuesta cara de dolor, y lamentándose en discursos mentirosos y 'veintejulieros', por la pérdida irreparable que sufrió la cultura de Soledad con la muerte de Efraín Mejía Donado.

Los homenajes son en vida

No con la muerte de Efraín Mejía, porque a todos nos llegará, sino por la indiferencia de las instancias culturales, quienes no se interesaron, ni les importó la deplorable condición y estado de salud de este hombre que entregó sesenta años de su vida al folclor de su tierra natal y al del Caribe colombiano, y, murió, casi que en un estado de indigencia, viviendo de una precaria regalía por sus derechos de autor que no le alcanzaba sino para comprar las drogas que necesitaba para su tratamiento.

Esta situación se presenta en todo el país, donde esas personas que aportaron y contribuyeron al fortalecimiento y enriquecimiento del patrimonio cultural de Colombia, han muerto en las mismas condiciones de olvido estatal y en deplorables estados de indigencia.

En el Municipio de Soledad, por ejemplo, hace seis años murió olvidado por la indiferencia del municipio, otro grande del folclor y la cultura soledeña, el maestro Gabriel Segura Miranda. Entonces uno se pregunta ¿Qué hacen con los miles de millones de pesos que ingresan por concepto de Estampilla Pro-Cultura? Porque no se ve la inversión en ninguno de los aspectos que señala la Ley 666 de 2001, que reglamenta el artículo 38 de la Ley General de Cultura o Ley 397 de 1997 si tenemos en cuenta que el artículo 2° de la Ley 666 de 2001, establece:
ARTÍCULO 2º. Adicionase los siguientes artículos nuevos al Título III de la Ley 397 de 1997:

Artículo 38-1. El producido de la estampilla a que se refiere el artículo anterior, se destinará para:

1. Acciones dirigidas a estimular y promocionar la creación, la actividad artística y cultural, la investigación y el fortalecimiento de las expresiones culturales de que trata el artículo 18 de la Ley 397 de 1997.

2. Estimular la creación, funcionamiento y mejoramiento de espacios públicos, aptos para la realización de actividades culturales, participar en la dotación de los diferentes centros y casas culturales y, en general propiciar la infraestructura que las expresiones culturales requieran.

3. Fomentar la formación y capacitación técnica y cultural del creador y del gestor cultural.

4. Un diez por ciento (10%) para seguridad social del creador y del gestor cultural.

5. Apoyar los diferentes programas de expresión cultural y artística, así como fomentar y difundir las artes en todas sus expresiones y las demás manifestaciones simbólicas expresivas de que trata el artículo 17 de la Ley 397 de 1997.

En el Municipio de Soledad, al menos, aún no se cumple con ninguno de los preceptos establecidos por la Ley, porque no se estimula, ni promociona, la creación, la actividad artística y cultural, no se invierte en infraestructura cultural, casa de la cultura o la construcción de un gran parque cultural, no se fomenta, ni se capacita técnica y culturalmente, a los creadores y gestores culturales. Lo que es peor, el diez por ciento (10%) para la seguridad social del creador y gestor cultural, no lo podrán justificar porque, hasta el cierre de este artículo, no se tiene conocimiento que se haya beneficiado algún artista o gestor cultural, de ese 10%. Como dicen los abuelos: Sabrá Pabla qué hacen con esos recursos.